martes, 30 de junio de 2009

AMOR INMORTAL

Mi ángel... mi todo, mi yo mismo... mis pensamientos vuelan hacia ti, mi AMOR INMORTAL, ahora y entonces regocijado, con tristeza espero aprender si el destino nos escucha- Yo puedo vivir solamente enteramente contigo no importa nada mas..., ser calmo- ámame- hoy- mañana-que lloroso anhelo por ti- tu- tu- mi vida- mi todo- ¡ adiós! OH continua amándome- nunca juzgues mal él más fiel corazón para ti querido..
Siempre tuyo
Siempre mía
Siempre nosotros.

L.V.Beethoven.

Porque la abuela Mortimer nos relató el legado que tras generación a generación se narraba a los miembros femeninos de la familia, con esa voz apergaminada que parecía envolver todo a su paso. No lo sé y todavía me lo pregunto. A lo mejor el oscuro y cruel destino o tan sólo fue que la pobre anciana estaba loca, ¿quién sabe?

Se rumoreaba que entre las habitaciones del Castillo de Ravensmorth habitaba un espíritu atormentado, lujurioso y ladino, que se deslizaba por las sombras del castillo en las horas nocturnas, habido y hambriento. El Duque de Ravensmorth.
Muchos años atrás, el Duque pactó con el dueño y señor del mal, con el mismísimo Belial. Ravensmorth pedía la resurrección de su amada Cecil, que la vida injustamente le había robado de su lado, al fallecer de una enfermedad incurable; A cambio daría su alma y seria él más ferviente discípulo del señor de la oscuridad.
Satán acepto el acuerdo.
Paso el tiempo, los años consumieron las paredes del castillo degenerando con el paso de las estaciones; totalmente deshabitado y cubierto de tinieblas, permaneció erguido a las inclemencias. En su interior, el Duque vivía entre las sombras esperando, mientras ofrecía sacrificios a su señor como tributo a su maldad y suprema inmortalidad que estaba vigente en cada una de las habitaciones del castillo.
Un día, mientras las hojas caían de los esqueléticos árboles del jardín, la vio. Ella, era ella. Cecil. Estaba con un joven cogida de su mano y le abrazaba de la cintura. Los celos lo consumieron como brasas vivas y un síntoma de destrucción renació en su inexistente corazón.
Ravensmorth se conservaba igual que antes, su pelo negro como el ala del cuervo no tenia ninguna veta encanecida por los años sufridos de espera, sus ojos ambarinos seguían siendo las llamas del infierno. Ella era suya, ningún mortal podría poseerla.
La joven no era otra que la hija del panadero del pueblo, llamada Anne que se había dejado convencer por su prometido Carles para venir a la casa encantada donde se decía que en ella las brujas antaño formaban sus aquelarres en honor al diablo. Se sentía inquieta y observada por alguien, pero quién si no había nadie allí.
Esa noche en sus sueños aparecieron unos demoníacos ojos dorados que la observaban y una voz armoniosa que la llamaba. No supo como pero se levantó de su lecho y sus pasos la dirigieron al jardín del castillo, donde en medio de la espesa niebla se encontraba un hombre vestido de negro, alto, de pelo azabache y penetrantes ojos ámbar.
Él le tendió la mano y ella avanzó confiadamente hacia él, encontrándose en sus brazos. Sus bocas se juntaron en un apasionado beso y el deseo los consumió cayendo al suelo con sus miembros entrelazadazos en un férreo abrazo.

Carles despertó sobresaltado, se vistió y corrió al castillo. Había tenido una terrible premonición. Sus pasos eran ruidosos en la noche cerrada. Al llegar los vio, unidos en el suelo, dos cuerpos frente a frente, besándose con sus lenguas en cadencioso movimiento tan primitivo como la tierra misma. Un hombre encima de su dulce y pura Anne, su prometida. No pudo moverse sino observarles, como hacían el amor. El hombre desconocido arrancó del cuerpo de la mujer el camisón, descubriendo sus pechos, para ser saqueados por los labios varoniles; ella gemía descontrolada sin saber que ese hombre no era otro que su amor perdido en otra vida. Él la penetró profundamente y traspaso la barrera que probaba la pureza de su mujer; ladeando la cabeza Ravensmorth miró a Carles parado ante ellos tal como él había planeado. Mientras llegaba al clímax su sonrisa fue de total complacencia. Anne llegó al orgasmo junto con él clavando sus filosas uñas en los musculosos brazos que la abrazaban.
El Duque había conseguido lo que quería desde este momento esa nueva Cecil era suya, tan solo había que esperar unos minutos para comprobarlo. Se levantó y arreglo su ropa.
Anne yacía con las piernas abiertas y completamente desnuda en el suelo totalmente desorientada, sin comprender, sin conocer el amante diabólico que la había poseído, vagamente familiar. Él le tendió la capa para cubrirse y entonces comprendió todo.
- Cecil- anunció con voz profunda.
- Anne.
Dios Carles estaba allí, presenciando su conducta pecaminosa. Le miró viendo su dolor, el dolor de la traición en sus dulces ojos castaños, no pudo soportarlo. Le llamo pero Carles dio media vuelta y desapareció en la noche cerrada.
- Cecil sois mía- dijo él.
- No, no sois mi dueño- desesperada intento retroceder pero él más rápido freno su huida cogiendola del brazo.
- Si, mi amor, lo soy, acabo de demostrártelo, os he poseído por lo que vivirás eternamente junto a mí.
- No, no puede ser- exclamó ella.
- Oh, si, yo soy inmortal dentro de mis dominios, si yo no muero tu tampoco- rió macabramente- Cecil, renunciad, tu destino esta escrito, serás la dueña de todo esto, tan solo permanece junto a mí y te daré todo lo que pidas.
Anne aturdida, dolida y desperada no supo que responder, su mente clamaba su dolor, Carles, Carles, ¿ qué había hecho?. Ella que lo amaba sobre todas las cosas, lo había traicionado de la manera más vil que podía existir. Él frió de la noche la embargo, paralizando sus entrañas. Todo había acabado para ella, porque un hombre hermoso como el diablo mismo cogiendola en sus brazos la lanzo a un abismo de dolor que no podía acallar en su corazón que amaba a una sola persona, a Carles.
- Entrad mi amor, estáis fría como el hielo- cogiendola de la cintura la condujo dentro del castillo- No os preocupéis por vuestro antiguo amor, morirá antes que el sol se ponga.
Anne no pudo mas que seguirlo sin rechistar porque la conmoción de sus palabras la dejo sin respiración, sin voz, sin control de sus actos. Solo lo siguió. Lagrimas no derramadas se agolpaban en su garganta pugnando por salir. VENGANZA. Fue su único pensamiento. VENGANZA...

Carles huía, necesitaba salir del pueblo, de ahí, no importaba que no tuviera ropa de abrigo, que hiciera frió, que no llevara protección, no importaba nada, tan solo escapar. Sin ver, ni oír, se interno en el bosque donde ni los rayos del sol, ni la gente de los alrededores se aventuraban a entrar ya que estaba habitado por duendes y seres mágicos que robaban las almas de los que osaban interrumpir la calma del bosque. Sus piernas cansadas, no paraban de correr, su sangre latía en sus sienes y su respiración dificultosa era lo único que se oía en la espesura del bosque.
Ahhh¡¡ y aquel dolor insoportable que se alojaba donde antes latía el corazón lleno de vida, por Anne, su amada Anne. La velocidad de su carrera se hizo más lenta, cansado como estaba se sentó apoyando la cabeza contra el grueso árbol de una secuoya. Agarrandose la cabeza con las manos, comenzó a llorar amargamente. Dolor, odio, furia, ira, desesperación, la nada, el vacío, traición, locura, todo lo carcomía por dentro de su ser. Sus manos jalaban tirando fuertemente de su pelo, porqué, cuando, como, que, preguntas que no tenían solución. Anne, Anne. Dejo de llorar y comenzó a reír dolorosamente como un poseído. Ahhhhhh¡¡. Esto era el fin de todo.
- ANNE- gritó enloquecido.
Su mirada se poso en una piedra filosa; cogiendola se abrió las venas de su mano derecha; la sangre brotó, caliente, espesa, rojo como la vida. Luego en la otra mano. Así espero la muerte, la única solución a su atormentada alma. Morir, morir.
De las sombras del bosque apareció una manada de lobos, integrada por 10 miembros que le miraron intensamente atraídos por el olor de la sangre. Carles no pudo moverse, ni lo intento, su flujo sanguíneo y su corazón sé relentizaban, dentro de poco no sentiría nada, solo la oscuridad, ni el dolor, nada. Uno de los miembros del grupo, se movió acercándose a él, era enorme, de color blanco puro con una estrella negra en medio de su frente, el macho dominante. Estaban hambrientos, el duro invierno y la caza incesante les dejaban sin comida, apenas para sustentar a los más fuertes de la manada.
Carles aturdido noto como el lobo lamía la sangre que brotaba como una cascada de sus muñecas y como un sueño el lobo le miró intensamente con sus ojos plateados que parecían comprenderle. Y en un sueño el lobo pareció hablarle.
- Te honramos, saciaremos nuestra sed y hambre, beberemos de ti, viviremos otro día mas gracias a tu carne, tu vida por la nuestra. Pero tendrás lo que tanto ansias, formaras parte del ciclo, tu venganza será completada.
La luz de los ojos de Carles se apago, el lobo blanco levanto la cabeza aullando y como un clamor los demás se unieron a él en la noche, uno a uno se acercaron al cuerpo sin vida y arrancaron una parte para sí. Carles en unos minutos fue devorado sin quedar rastro de sus huesos, tan solo de la sangre roja que empapaba el suelo daba indicio de su existencia.

3 comentarios:

  1. INAUGURANDO ESTE NUEVO RINCON DE MI MENTE... OS PONGO UN PEQUEÑO RELATO QUE ESCRIBI HACE TIEMPO... ESPERO QUE OS GUSTE... UN BESITO RUTH

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  2. Bichooooooooo....te estás modernizando...uyss...jajajajaja

    Muacksss amore, ya me ire pasando a ver que te cuentas por aquí.

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  3. wolasss, yo tb me iré pasando wapa!!
    MUACKSSSSSSSSSSSSSS

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