Un segundo anillo metálico se acopló lujuriosamente a la cabeza enhiesta del miembro, rodeándola justo por debajo del borde de carne de unión entre el glande y el tronco venoso.
Tumefacto.
Del color de las ciruelas maduras.
Los músculos del macho ardían. El cuerpo llevaba colgado de esa pared durante cinco días interminables. Cinco días de la dulce y picante necesidad de calmar sus ijares a punto de reventar en una explosiva ola orgásmica.
Cinco días, en el los cuales, el cuerpo era lavado, atendido, mimado. Cinco días de autentico martirio sin la posibilidad de la liberación… eterna.
Solo el rugir de las entrañas. Solo el ansia devoradora que llameaba en las venas. Solo él, en esa prisión de metal y piedra. El sudor. El olor del sexo insatisfecho. Y esa lengua acariciadora. Esas manos suaves…
Los músculos se contrajeron una vez mas en torno a los anillos que encerraban su cuello, sus manos, sus piernas, su polla. Los músculos trabajaron hasta la extenuación, de forma sudorosa. Y de nuevo, el fracaso.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Hola guapa que tal? como te avisé por mail ya me cree por fin yo un Blog de estos para poder publicar cositas jeje. Te agrego a los Blogs que sigo y así te leo siempre que publiques algo nuevo :) Un besito espero que todo te este yendo bien. Te tengo una noticia. Aerobic desapareció del gimnasio no sé si volverá o ya no.
ResponderEliminar