Algo rugió dentro de él. Rugió en carne viva. Sus entrañas clamaron de una forma desconocida como si en el interior del vientre un Devoradora Negra hubiera vertido toda su rabia, todo el odio, atravesando las vísceras, descargando cada una de las balas de metal Leandhra, hasta mutilar. El fuego líquido de dolor se extendió por el resto de los miembros. El metal entorno al cuello, muñecas, tobillos y polla se volvió incandescente. ¿Qué cojones le estaba pasando? La sensación parecía una enfermedad corrosiva que lo roía intensamente.
El sutil aroma imperceptible para muchos, tan claro para él, se hizo tan esclarecedor. Y la carne palpito. Con rabia. Con inmensa furia. Su cuerpo llameaba en Celo. El cuerpo de la Loba lo reclamaba. Pero no existía el deseo en ese reclamo. No había pasión. Olisqueó con fuerza sintiendo la sangre bullir con animal necesidad. El regusto de otro olor se mezclaba con el de su hembra. Otro macho intentando tocarla. Probar de sus labios. Degustar el líquido fluido de los muslos. Los músculos se tensaron. Mataría. Lo mataría.
Y el ardiente calor tomó forma de la potencia suficiente para combatir contra la presa de las esposas de metal que lo ataban al muro.
- Mía…- el grito lleno la habitación.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

mía...míaaaaa.....siiiiiiiii ahí te quería ver yo..o mía o de naideeeeeeeee jajajajajajaja
ResponderEliminarYa sabes que esta es mucho de eso jajajajaja, cualquiera la dice que comparta jajajajaja
ResponderEliminar