Capitulo Primero.
6 meses después.
White’s Gentlemen’s Clubs, 37-38 St. James, East side the Street.
Ante si en el número 37-38 de St. James, el prestigioso White´s se alzaba como un gigante blanco. La Casa de Chocolate de la Señora White, como en un principio se le conocía, fue fundada en el año 1693 por un italiano inmigrante, Francesco Bianco. En él se podía degustar algo tan preciado y caro, como una buena taza de chocolate caliente y por supuesto, una fuente de disidencia para en esos momentos gobernante, Carlos II.
Ahora, se proclamaba como uno de los más selectos Clubs de Caballeros de Londres. Las paredes del interior, se encontraban decoradas con suntuosos papeles atractivos que agregaban un toque placido y elitista, altamente masculino.
White´s presentaba un toque de distinción. Salones exclusivos para fumar. Otros para jugar al billar, o degustar una suculenta cena. Los integrantes del Club se vinculaban gracias al placer de satisfacer una serie de necesidades fuera del ámbito de sus casas y familias.
La puerta acristalada se abrió y la sensación de entrar en un mundo desconocido y nuevo recorrió su espalda. El fantasma de lo inexplorado transformo la piel en un hervidero de ansiedad. La entrada inmensa, masculina y con un regusto a tabaco, fue una bienvenida distinta y rancia; como en una ratonera, los salones se abrían en amplias bóvedas iluminadas por grandes ventanales a la calle St. James.
Se dirigió a uno de los salones principales y un fuerte hormigueo se deslizó por su piel. Sentado en uno de los sillones Chester estaba su Deseo. La saliva se atasco en la garganta y no apartó la mirada del magnifico ejemplar de hombre. Mágico y sensual. El ardor brotó en una hoguera relampagueante que se adueño de cada pensamiento, de cada respiración. Ahora, conocía en carne propia, el deseo oculto del ardiente placer de contemplarlo.
El cuerpo bulló en un hervidero de sensaciones calientes y estremecedoras y no eliminó de la mente la imagen esplendida que era él, al cerrar los ojos.
Deseo.
Con una tranquilidad que no poseía, entregó el bastón de ébano y el sombrero a uno de los mayordomos de impecable librea que se movían a sus anchas por el gran salón, atendiendo a los numerosos miembros del White´s.
Con paso firme y seguro, aun para sus piernas trémulas, se interno en el salón saludando a los caballeros, muchos de ellos desconocidos sin rostro, que tomaban una copa a tan temprana hora de la mañana. Otros charlaban de las nuevas noticias y unos pocos leían los diarios del día. Pero la gran mayoría ejercían el gran pasatiempo del White´s. Las apuestas. Condes, Duques, importantes Ministros de Estado, la alta Sociedad de Londres se entretenían con algo tan absurdo como quién comería más huevos en un solo día o que rufián libertino sería el próximo en pasar por la vicaria.
Se sentó en un sillón Chester, mullido de brazos curvos y respaldo bajo, tapizado de capitoné, un peculiar acolchado con remaches.
De nuevo, cada gota de sangre era bombeada por el músculo palpitante que desaforado latía con rapidez. Inhaló el aire y bajo el aroma de los puros, percibió la fragancia de la piel del hombre. El aura de poder y peligro le envolvían como una abrigo calido y oscuro. Misterio encarnado en hombre. Anheló acercarse a él e introducir sus dedos entre los espesos cabellos negros como la noche, y tomar su boca en un beso tórrido y húmedo, susurrando sobre sus labios: Mírame, estoy aquí, te deseo.
Paso un latido.
Desplegó uno de los diarios abandonados en una delicada mesita Chippendale que invadían cada esquina y hueco con su pequeña corpulencia. La pata central unida a tres pies sableados brillaban encerados; era la pieza predilecta para decorar y añadir un toque femenino a ese curioso dominio viril.
Colocó el diario en la posición justa para que el ojo izquierdo quedase libre. El hambre incorruptible se transformaba en casi dos metros de pura potencia animal. Un hombre peligrosamente ardiente. Un anhelo vanidoso de acariciar todo ese esplendor.
Otro latido.
Deseo.
Un deseo que roía las entrañas. Un incontenible deseo de él. De su cuerpo, de su piel, de su sabor…. De respirar. Las vendas que envolvían su torso apretaron con fuerza la caja torácica impidiendo el paso del aire a los pulmones necesitados de respirar el aire cargado del aroma peculiar de él.
Carraspeo débilmente pretendiendo aclarar la garganta seca. Pero ahí, a la vista de todos, brillando con un destello rojo de peligro, un volcán en erupción, contenido dentro de su alma, estaba el sentimiento inalcanzable de no tocar.
Deseo.
Él conversaba tranquilamente con Lord Ian Hearthlenged, actual conde de Grison, uno de los hombres mas poderosos de todo Londres, conocido en las altas esferas, como libertino indomable, filántropo de la lujuria, en resumidas cuentas, uno de los solteros mas deseados entre la flor innata de Londres. Y entre las mujeres un esplendido amante que se regodeaba en el placer de dar placer, volcando toda su experiencia entre los suaves y aterciopelados labios del sexo femenino.
Si Lord Grison era el día, dorado y luminoso su acompañante era la noche profusa y oscura. Cielo e infierno. Agua y fuego. Un ansia voraz se transmitió por su piel. La necesidad de estar en pleno contacto con la noche negra y siniestra.
Tócame.
El pelo negro y sedoso, corto brillaba con reflejos azulados iluminados por la luz del sol que con sus brillantes rayos entraba poderosamente en el gran salón. Un grueso mechón caía sobre su frente y quiso apartarlo con los dedos. Una frente alta de piel bronceada demostraba los pequeños vestigios en su sangre de su italiana procedencia. Un bastardo que ahora ostentaba el arraigado titulo de Duque, para el regocijo de la Sociedad. No había nada como un Demonio paseando libremente entre dulces ovejas inocentes a las que degustar.
El rostro del hombre no era hermoso, ni atractivo sino satánicamente siniestro. Absorbedor. Unos pómulos fuertemente marcados, nariz larga y labios carnosos indicadores de su procedencia latina; curvos y sensuales, tan incongruentes en ese rostro tan demoledoramente masculino. Bajo toda esa piel fantástica se notaba la furia latente, la fuerza de su personalidad y el peligro de su carácter. Junto a la lasciva boca, en la comisura derecha, se percibía una pequeña cicatriz en forma de media luna. Quiso besarla. Ansió degustarla con la punta de la lengua.
Siénteme.
En un instante devastador sus miradas se entrelazaron en el silencio solo interrumpido por los cuchicheos de los miembros del White´s y un letárgico embeleso recorrió sus piernas. Los latidos del corazón se ralentizaron, la sangre dejó de fluir a todas las terminaciones sensitivas del cuerpo, dejando un hueco vacío. Un mareo aisló su mente de cualquier pensamiento coherente.
Reconóceme.
La expectación invadió su ser. Había mirado al Demonio a la cara, sin estremecerse de miedo. Jay Latimer, el Gran Duque de Demonshire. El fuego de los ojos masculinos quemó imborrablemente su pensamiento. Unos ojos inopticos, atemorizantes, devoradores de las almas mortales. Bordeados de gruesas pestañas negras. El iris del ojo derecho era de un castaño oscuro aterciopelado con estriaciones doradas que resaltaban a la luz solar con vida propia. El iris izquierdo era del color de la miel dorada, caliente y abrasadora. Castaño y dorado. Una combinación provocadora y atrayente. Totalmente única.
Deseo.
Oscuro y vertiginoso. Ardiente y famélico.
Inalcanzable.
Lagrimas imprevistas picaron en sus ojos. El ardor enfermizo del fracaso, le estremeció por dentro. Bruscamente, se levantó y con rapidez atravesó el salón hacia la puerta acristalada donde un mayordomo solícitamente tendió su sombrero y su bastón.
La rabia le inundo en una oleada ardiente y el deseo fluyo abiertamente por cada vena suavemente atenuado por la brisa fresca y delicada que golpeo su rostro al salir a la calle.
Deseo. Un deseo que abotargaba el raciocinio.
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Hola Ruth, acabo de encontrarme con tu blog, sin saber si quiera que tenias uno, no te conozco personalmente, pero una amiga me ha hablado mucho de tus escritos, siempre que nos tomamos un café, me dice que ella leía relatos de Ruth Lomax y que eran increibles, que la daba mucha rabia no saber donde poder volver a leerlos... así que imagina mi sorpresa cuando he abierto un blog hoy he visto tu enlace... me he metido al momento, he comenzado a leer y ufff ESTÁN GENIAL!! ya le he pasado la direccion a mi amiga, veras que sorpresa se va a llevar...
ResponderEliminar1 besote
Noelia.
Que sepas que acabo de dejarte un regalín en mí Blog ;)
ResponderEliminar:-*
DOLORS