
El hada verde.
Absenta.
Licor amargo. Purificador.
Son tus dedos recorriendo mi piel, suavemente, desde mi cuello pasando por mis pechos hasta el calido recoveco de mi sexo. Caliente y devorador, arde el deseo en mi. Quiero que me toques, que me acaricies todo el cuerpo, que discurras como el fluido liquido alcohólico. No te amo. No te quiero. Solo te deseo. Ni siquiera te conozco. Las cadenas que aprisionan mis muñecas acarician mi piel con las ganas de liberarme y torturarte.
Respiro el aire inhalando los ricos olores que nos rodean, sexo, sudor y el picor del ajenjo. Esencias oscuras. Especias aromáticas. Anís. E hinojo. Y el aroma propio de tu cuerpo. Enriquecedor, se vierte por mis pulmones excitando mis sentidos. Estas tan dentro de mí, sin tocarme. Me perteneces durante toda esta noche. Formas parte de mí. ¿Mañana? Quien sabe…
Poco a poco la absenta decora mi piel con su verde palidez. Embriagador. El borde de la copa de cristal recorre mi epidermis dejando un camino luminoso y húmedo. Frío el cristal se vuelve calor ardiente mientras sigue su trazado tan laboriosamente realizado por tu mano. Mi ombligo se vuelve un pozo sin fondo, hasta que viertes las últimas gotas de la absenta. Anegado, se desborda formando las sendas del deseo hasta mi sexo húmedo de necesidad. Allí, los ríos de ardiente licor confluyen en el delta formado por los labios vaginales, calentando la piel sonrosada necesitada de tu toque.
Fuego. Mi piel, es llama viva. Las venas, lava incandescente. Y mi sexo, una hoguera esperanzada donde espero que viertas tu esencia y calmes el dolor que me recorre entera.
Con delicadeza tus dientes recorren el mismo camino que el borde de la copa de cristal, depositando pequeños terrones de azúcar. En contacto con la absenta los terrones se disuelven ayudados por el calor de mi piel, formando pequeños charquitos de disolución.
Sobre mi clítoris dejas un terrón lo bastante grande como para que mi pequeño vértice de nervios se estremezca, arqueando mis caderas en señal inequívoca de que estoy preparada para el siguiente paso del ritual. El hada verde, Fee Verte, aparece ante mis ojos deseosos de que lamas cada gota que adorna mi cuerpo.
Absenta. Alucinógeno.
Ahora, tus labios calientes comienzan a recorrer la senda olorosa trazada sobre mi piel. Licor y azúcar. El agua de tu saliva, finaliza el ritual placentero. No debes de dejar ni una sola gota sobre mí. Un gemido llameante se desprende de mi boca hacia la oscuridad. Ardo por ti. Te deseo. Ámame.
Llegas al pozo, que es mi ombligo, para que mi anhelo se desborde con ansiedad. Mas. Quiero más. Lentamente, bajas por mi vientre hasta que tu toque magistral se asienta sobre mi clítoris, que con un grito agónico solicita de tus cuidados. Tus labios aman con lascivia el brote impúdico con pequeños toques de tu lengua. Y yo no puedo más que estremecerme, porque es ahí donde te quiero. Cuidadoso lo aprietas entre tus dientes como una fruta madura, estallando en pequeñas oleadas de placer que fluyen por todo mi cuerpo hasta abotargar mi cabeza con el orgasmo. Otro clímax me hace estremecer cuando tus labios, en su ritual incandescente, se internan en mi ardiente cueva sonrosada. Tu lengua, tortura el orificio de mi sexo. Absenta, azúcar y miel. Manando de mi sexo. Un grito desaforado se vuelca sobre nosotros. Mi grito de pasión.
¿Crees que has acabado?
No, amante de una sola noche. No te amo, no te conozco, no te quiero. Pero si te deseo. Te necesito. Ardo.
Absenta.
En mí. Sobre mí. Dentro de mí.
Sigue… dame mas…
Absenta.
Licor amargo. Purificador.
Son tus dedos recorriendo mi piel, suavemente, desde mi cuello pasando por mis pechos hasta el calido recoveco de mi sexo. Caliente y devorador, arde el deseo en mi. Quiero que me toques, que me acaricies todo el cuerpo, que discurras como el fluido liquido alcohólico. No te amo. No te quiero. Solo te deseo. Ni siquiera te conozco. Las cadenas que aprisionan mis muñecas acarician mi piel con las ganas de liberarme y torturarte.
Respiro el aire inhalando los ricos olores que nos rodean, sexo, sudor y el picor del ajenjo. Esencias oscuras. Especias aromáticas. Anís. E hinojo. Y el aroma propio de tu cuerpo. Enriquecedor, se vierte por mis pulmones excitando mis sentidos. Estas tan dentro de mí, sin tocarme. Me perteneces durante toda esta noche. Formas parte de mí. ¿Mañana? Quien sabe…
Poco a poco la absenta decora mi piel con su verde palidez. Embriagador. El borde de la copa de cristal recorre mi epidermis dejando un camino luminoso y húmedo. Frío el cristal se vuelve calor ardiente mientras sigue su trazado tan laboriosamente realizado por tu mano. Mi ombligo se vuelve un pozo sin fondo, hasta que viertes las últimas gotas de la absenta. Anegado, se desborda formando las sendas del deseo hasta mi sexo húmedo de necesidad. Allí, los ríos de ardiente licor confluyen en el delta formado por los labios vaginales, calentando la piel sonrosada necesitada de tu toque.
Fuego. Mi piel, es llama viva. Las venas, lava incandescente. Y mi sexo, una hoguera esperanzada donde espero que viertas tu esencia y calmes el dolor que me recorre entera.
Con delicadeza tus dientes recorren el mismo camino que el borde de la copa de cristal, depositando pequeños terrones de azúcar. En contacto con la absenta los terrones se disuelven ayudados por el calor de mi piel, formando pequeños charquitos de disolución.
Sobre mi clítoris dejas un terrón lo bastante grande como para que mi pequeño vértice de nervios se estremezca, arqueando mis caderas en señal inequívoca de que estoy preparada para el siguiente paso del ritual. El hada verde, Fee Verte, aparece ante mis ojos deseosos de que lamas cada gota que adorna mi cuerpo.
Absenta. Alucinógeno.
Ahora, tus labios calientes comienzan a recorrer la senda olorosa trazada sobre mi piel. Licor y azúcar. El agua de tu saliva, finaliza el ritual placentero. No debes de dejar ni una sola gota sobre mí. Un gemido llameante se desprende de mi boca hacia la oscuridad. Ardo por ti. Te deseo. Ámame.
Llegas al pozo, que es mi ombligo, para que mi anhelo se desborde con ansiedad. Mas. Quiero más. Lentamente, bajas por mi vientre hasta que tu toque magistral se asienta sobre mi clítoris, que con un grito agónico solicita de tus cuidados. Tus labios aman con lascivia el brote impúdico con pequeños toques de tu lengua. Y yo no puedo más que estremecerme, porque es ahí donde te quiero. Cuidadoso lo aprietas entre tus dientes como una fruta madura, estallando en pequeñas oleadas de placer que fluyen por todo mi cuerpo hasta abotargar mi cabeza con el orgasmo. Otro clímax me hace estremecer cuando tus labios, en su ritual incandescente, se internan en mi ardiente cueva sonrosada. Tu lengua, tortura el orificio de mi sexo. Absenta, azúcar y miel. Manando de mi sexo. Un grito desaforado se vuelca sobre nosotros. Mi grito de pasión.
¿Crees que has acabado?
No, amante de una sola noche. No te amo, no te conozco, no te quiero. Pero si te deseo. Te necesito. Ardo.
Absenta.
En mí. Sobre mí. Dentro de mí.
Sigue… dame mas…

joderrrrrrrrr...y pensar que en mi pueblo la absenta la mezclan zon limón granizado y le llaman "mentireta"...ahora ya se me ha distorsionado la idea de la mentireta con fiesta y pachanga...ahora más bien me va a parecer algo guarrete el tomarme una...mmm...guarrete en plan...mmmmm que ricoooooo más másssssss!!!!! jajajajajajaja
ResponderEliminarMu güena tu absenta cocoliso...ufff...¡¡que calorrrrr!! :-D