miércoles, 1 de julio de 2009

PLACER...


RELATO PUBLICADO EN LA REVISTA MAREJADA ( SANTANDER). ( La imagen es de una amiga mia de aqui... OLGA...)
Arenas ardientes.
La arena dorada y suave se resbala por el hueco formado entre mis pechos, como un reloj de arena, se acumula en el valle, deslizándose por mis costillas hasta el mismo suelo, donde una vez se une con el resto de los granos dorados. Desierto. En los maravillosos brazos del oasis que fértil y verdoso nos protege del calido y ardiente sol.
El aire caliente levanta mechones de mi pelo negro para jugar con él sobre tu cara, que expectante me mira. ¿Qué puedes ver? Una mujer más. Deseosa. ¿O la única para ti? La incertidumbre me recubre como los granos de arena ardiente.
Nuestros cuerpos unidos, se traspasan el calor, reflejo del sol que arde en el cielo azulado. Mis pechos acarician tu pecho. Mi vientre incita a tu vientre. Mi sexo acuna tu sexo, formando una cuna suave y mullida.
Abro mis piernas un poco más y tú aprovechas el leve movimiento para anclarte sobre mí. La punta de tu miembro juega con la entrada de mi cuerpo. Estoy húmeda. Estas caliente. Y delicadamente entras suavemente en mi interior. Las paredes de mi vagina te acogen en su nudosa textura, permitiéndote la entrada.
La cabeza bulbosa se abre camino, no hay escapatoria. Pero yo no quiero escapar. El calor aumenta amplificada por el sol, por la ardiente arena, por la llama formada por nuestros sexos. Nuestras pelvis se encuentran duramente, ya estas completamente empalado en mi vientre. Te siento dentro. Tan calido. Tan duro. Y mi calor te envuelve en su textura húmeda y liquida.
Mis manos se entierran en el fogoso suelo. La arena se escurre por mis dedos. Y mi boca se abre en un alentoso gemido. Tus caderas se mueven hacia atrás y tu polla abandona mi vientre. No. Mi vagina grita suplicante, y sus paredes se cierran en torno tuyo para no dejarte salir. Pero no hay nadie que pueda parar la fuerza con que tu miembro escapa de mí.
El tronco venoso, lechoso de mi flujo, aparece entre mis muslos como un geiser de agua flamígera. Y una vez más te clavas dentro de mi cuerpo. Me perteneces de nuevo. Mi útero acoge tu miembro como un solo ser. Te envuelvo. Palpito entorno tuyo, en oleadas placenteras que te atrapan en mi interior para que nunca salgas de mí.
Me penetras en un cadencioso movimiento idéntico al del aire del Desierto tocar las suaves colinas de las dunas. Te acercas y te alejas, en una arcaica oscilación tan antigua como el mismo tiempo que nos envuelve.
Llamarme Placer, porque eso es lo que me embarga. Un placer corrosivo que se vierte por mis entrañas y atrofia mis músculos en un convulso estremecimiento. Mi cuerpo se eleva por encima de nosotros, se eleva para tocar el cielo azulado ardiente. Me quemo por dentro, me quema los rayos del sol al acercarme y extiendo mi mano para tocar la fogosa esfera amarilla. Y grito de dolor y placer a la vez, cuando mis dedos acarician por un segundo punzante el calor emergente del sol y en ese momento, en una fracción de tiempo diminuta vuelvo a mi cuerpo de forma orgásmica y una vez mas estoy entre tus brazos, protegida.
La marca de mi mano arde como fuego intenso. Pica rojiza. Y luego desaparece sin dejar rastro. Caes sobre mi, sudoroso. Y siento como te corres dentro de mi útero. Mis paredes acogen los chorros de semen y en un arrullo, tu cabeza se asienta sobre mis pechos. El aliento de tu boca, estremece mi húmeda piel y la brisa ladina levanta los granos de arena, que se pegan a nuestras pieles.
Mis ojos se cierran para protegerme del cielo azul, tan azul que hace daño a la mirada de un mortal. Tus labios toman uno de mis pezones, cubierto de arena, y se amamanta de él como un niño recién nacido. Juegas con él y lo conviertes en una cresta necesitada de tus caricias.
Placer, así es como me llamo. Porque eso es lo que siento cuanto estoy contigo. Cuando me envuelves en tus brazos. Cuando tus labios me tocan por todas partes. Cuando penetras en mi interior y me llevas al clímax con tus laboriosos movimientos. Ahora fuerte. Después lento. Una vez suave. Para acabar duro y palpitante.
Placer, es así como me llamas.
Rodeados de las ardientes arenas, nuestros cuerpos laxos y saciados se hacen uno con el Desierto. El oasis nos protege. La arena nos acuna. Y el suave latido del Desierto nos arrulla para que juntos acojamos los brazos de Morfeo y lentamente caigamos en un sueño de plenitud.
Placer. Es lo que soy.
Placer. Es lo que siento.
Llamarme Placer, porque no soy mas que eso. Un imborrable, imperecedero Placer.

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